Origen del Foxhound

El Foxhound es uno de los más hermosos florones de los hounds británicos (este último término corresponde aproximadamente al de “perro sabue­so”). Como decía el gran especialista inglés, Stonehenge, “es uno de los animales más notables de la creación”.

El Foxhound es uno de los más hermosos florones de los hounds británicos (este último término corresponde aproximadamente al de “perro sabue­so”). Como decía el gran especialista inglés, Stonehenge, “es uno de los animales más notables de la creación”. El Foxhound tiene muchas cualidades y además es un perro antiguo. Su historia comienza al parecer con la conquista de Inglaterra por Gui­llermo, pues el Conquistador y sus vasallos atravesa­ron el canal de la Mancha con sus jaurías de perros sabuesos normandos e impusieron como deporte favorito la caza a caballo con jaurías, lo que contri­buyó desde luego a difundir los perros sabuesos en Gran Bretaña. Hasta la Guerra de los Cien Años, los ingleses recurrieron muchas veces a las jaurías conti­nentales. En 1575, George Turberville en su obra “Noble Art de la vénerie ou chasse a rourre”, cita los hounds de la época y en particular el Blanco Talbot y el Negro Saint-Hubert.

Los hounds británicos tuvieron constantes relacio­nes con los perros sabuesos franceses y es probable que sus cualidades hubieran mejorado gracias a la aportación de una jauría especializada en la caza del ciervo que Enrique IV ofreció a Jacobo I. En efecto, se ha de señalar que hasta el siglo XIX, los Hound sólo se habían dedicado a la caza de este animal. Pero el ciervo se convirtió en un animal tan escaso, que hubo que dedicar los Hound a una caza mucho más común, la del zorro y así fue cómo estos perros de jauría que se llamaban Staghound (stag significa ciervo) pasaron a cazar zorros y a llamarse Fox­hound (fox significa zorro).

Origen e historia del Foxhound

En el comienzo, la transición hacia un nuevo empleo del perro se hizo con cierto desorden, pues las jaurías eran tan diversas como las costumbres o las prefe­rencias de caza de sus propietarios o los terrenos de caza. Así los Hound de Lancashire, Cheshire, Staf­fordshire, eran grandes por lo general, de buena complexión, pero más lentos que los de Wor­cestershire, Berkshire o Bedfordshire, que eran de tamaño mediano y rápidos, mientras que los de Yorkshire y Northumberland (norte de Inglaterra) eran los más veloces. También se podían encontrar ejemplares de pelo duro, sobre todo en el país de Gales.

Mientras tanto, el foxhunting (la caza del zorro) se convirtió rápidamente en una prueba deporti­va, que poco tenía que ver con la montería y en la que la persecución se convertía en un pretexto pues lo esencial era el recorrido que los jinetes efectua­ban a gran velocidad, los muchos obstáculos que debían salvar, y como observara el duque de Brissac, “aquí el perro no pinta nada, lo que cuenta es el caballo”. Esta evolución le convenía tanto a los cazadores como a la presa perseguida, porque el zorro apenas debía recurrir a la astucia y confiaba sobre todo en su rapidez para refugiarse en la madriguera; aunque su rastro es fuerte y por tanto localizable por el hombre, también es fugaz y requiere una caza tan rápida como deportiva.

Para explicar la transformación del Staghound en el Foxhound, se la atribuye a diversos cruces sobre todo con Bulldog o Terrier que habrían aportado valor disminuyendo el tama­ño, o con el Greyhound que le habría dado rapidez. Esta idea es bastante fantasiosa pues aunque se hubieran hecho esos cruces, sus aportaciones no eran necesarias.

En efecto, para que se produjera esa evolución bas­taba la selección resultante de la caza del zorro, principalmente de dicha práctica deportiva y el pragmatismo de los criadores ingleses.

Historia de los perros franceses

Francia es un país donde las tradiciones de la mon­tería están vigentes desde hace siglos. Sin embargo el Français Tricolore no hizo su reapari­ción en el mundo cinófilo hasta 1957.

Francia es un país donde las tradiciones de la mon­tería están vigentes desde hace siglos. Sin embargo el Français Tricolore no hizo su reapari­ción en el mundo cinófilo hasta 1957.

A decir ver­dad las razas francesas nunca dejaron de existir: algunos puristas criaban Gascons-Saintongeois, Arié-Geois o Poitevins, pero la mayoría de las jaurías de montería habían cruzado sus perros con foxhounds ingleses para darles más fondo y vitalidad a sus perros.

Origen e historia del Français

En 1957, el conde Henri de Falandre presentó en la exposición canina de Poitiers un lote de perros tricolores de la jauría Kermaingant, que tenían todas las características de los antiguos perros sabue­sos franceses, cuya cabeza era más alargada y sobre todo menos ancha que la de los perros ingleses.

Henri de Falandre cruzó Anglofranceses del mayor parecido posible con perros de sangre francesa como Poitevin, Billy e incluso Bleu de Gascogne y consi­guió crear su lote de perros con el que ganó en Poi­tiers el premio del Presidente de la República, a pesar de que el estándar no se homologó hasta el año 1965.

Origen del Galgo Afgano

El Galgo Afgano, cuya silueta es una de las más singu­lares del mundo canino, parece tener un origen muy anti­guo puesto que si se da crédito a los relatos bíbli­cos, a este perro le cupo el enorme privilegio de representar la especie canina en el Arca de Noé.

El Galgo Afgano, cuya silueta es una de las más singu­lares del mundo canino, parece tener un origen muy anti­guo puesto que si se da crédito a los relatos bíbli­cos, a este perro le cupo el enorme privilegio de representar la especie canina en el Arca de Noé.

Desde una perspectiva más científica, los cinólogos se esforza­ron desde el siglo XIX en probar la existencia milenaria de esta raza. Jackson Sanford, en particular, se basó en un manuscrito chino muy anti­guo para intentar demostrar que el Afgano (tam­bién llamado Tazi en su país) es descendiente direc­to de los cánidos que poblaban las estepas asiáticas cien mil años antes de la era cristiana y que el pue­blo nómada de los Yuezhi, originario de Gansu (en China del norte) lo introdujo en Afganistán a finales del siglo II a.C.

Esta hipótesis resulta muy intere­sante pero no tiene más base que un simple manus­crito, el cual leído más detenidamente, parece que des­cribe a un perro de carácter suspicaz, dotado de capa negra y del tamaño de un potro, que hace pensar más en el Dogo del Tibet que en el antepasado del Galgo Afgano.

Origen e historia del Galgo Afgano

Un poco más tarde Clifford L. B. Hubbard (basándose en los trabajos del mayor Mackenzie, uno de los primeros cinófilos que importó galgos afga­nos a Europa) defendía la existencia de pinturas rupestres en Balkh (la antigua Baktra) en el noroeste de Afganistán, que demostraban la existen­cia de perros idénticos a los afganos, diez mil dos­cientos años antes de nuestra era, pinturas que por otra parte, se completaban con inscripciones de la época de las conquistas de Alejandro Magno en el siglo IV a.C. Mientras que el mayor Blackstone ase­guraba tener conocimiento de un papiro proceden­te del Sinai de cinco mil años de antigüedad en el que aparecerían cinocéfalos en tumbas egipcias.

Las conclusiones de Hubbard y Blackstone no tar­darían en provocar una viva reacción. Así los nor­teamericanos Constance O. Miller y Edward M. Gil­bert afirmaron en su obra “The Complete Afghan Hound” que no había ninguna gruta en Balkh y ade­más que los cinocéfalos en los que se basaba el aná­lisis de Blackstone, en realidad eran babuinos, unos simios sagrados que los egipcios embalsamaban. Una misión arqueológica francesa en Afganistán, por su parte, que en 1922 había descubierto cuevas con pinturas rupestres (en una de las cuales figura un rey caza­dor acompañado de una silueta canina que se parecía bastante poco a la del Afgano) declara­ba que tales cuevas databan de los siglos V-VI, se encontraban más al sur concretamente en Kakrak y que no había en ellas ninguna inscripción griega.

H. y D. Waters estudiaron los textos antiguos para aclarar los orígenes de esta raza tan poco corriente pero los únicos datos que encontraron se referían exclusivamente a perros de pelo corto, lo que les hizo pensar que el Afgano sería en realidad un Saluki del que únicamente se diferenciaría por su pelaje adaptado a las regiones de alta montaña. Esta hipótesis fue confirmada más adelante por otros especialistas como los profesores Stelzer y Porter, quienes sostenían que este perro cuyo valor y agresividad lo capacitaban para la guarda y la defensa, tenía por antepasado a un perro pastor, posiblemente uno de los tipos más corrientes en la región, ya fuera el sag-i-ranah o el sag-i-turkistani, ambos descendientes del Dogo del Tibet y utilizados como perros de guarda y para las peleas de perros.

Cuidados del Gronlandshund (Perro de Groenlandia)

En la actualidad, el Gronlandshund y los demás perros de trieno poseen un valor económico indudable, están bien cuidados; periódi­camente se examina el estado de sus pies, cada mes se cortan los pelos entre las almohadillas (para evi­tar que se forme hielo y los congele), se confeccio­nan arneses a la medida para cada perro; y si uno de ellos se cansa demasiado, se le pone encima del tri­neo durante una hora o dos para que descanse. ¿Existe una nueva sensibilidad que induce a mejorar la condición de los animales?

En la actualidad, el Gronlandshund y los demás perros de trineo poseen un valor económico indudable y reciben excelentes cuidados; periódi­camente se examina el estado de sus pies, cada mes se cortan los pelos entre las almohadillas (para evi­tar que se forme hielo y los congele), se confeccio­nan arneses a la medida para cada perro, si uno de ellos se cansa demasiado, se le coloca encima del tri­neo durante una hora o dos para que descanse. ¿Existe una nueva sensibilidad que induce a mejorar la condición de los animales?

No idealicemos. Se trata lisa y llanamente de conservar un patrimonio. Para el esquimal, el perro es un compañero con el que divertirse, también ir a cazar y a pescar para ganar así algunos ingresos extra; el dinero que proporciona una pesca excepcional puede servir, por ejemplo, para comprar un vídeo (la Edad de Piedra ha quedado lejos incluso para los esquimales).

Pero ante todo es un perro de trabajo con el que no se tiene mano blanda precisamente, cuando dos perros se traban en pelea, se los separa a puntapiés y listo. A los perros inútiles (y los cachorros de constitución débil) se los mata. Como si esto fuera poco, para que los perros no muerdan los correajes se les liman los dientes después de una “anestesia” rudimentaria que resulta bastante chocante para nuestra sensibilidad.

Para concluir, mientras continúe brindando sus excepcionales servicios, la población de Gronlandshunds no corre peligro en su región de origen, donde la selección se sigue basando únicamente en criterios de aptitud para el trabajo.

Origen del Harrier

En efecto, la historia del Harrier probablemente se remonta al siglo XIII e incluso antes, pero lo que sí es cierto es que la primera jauría de harriers de la que tenemos noticia es la que formó sir Elias de Midhope en 1260, que se considera como la que dio origen a la célebre jauría de Penistone. Hubo otras jaurías de harriers con nombres prestigiosos como la de Holcombe en el siglo XVII y la de Cambridges­hire, formada en 1745.

El Harrier, como su propio nombre inglés lo indica significa liebre, es una raza criada en Gran Bretaña desde hace siglos especializada en la caza de la liebre.

En efecto, la historia del Harrier probablemente se remonta al siglo XIII e incluso antes. La raza fue establecida en Inglaterra por sir Elias de Midhope en 1260 y se considera como la originaria de la célebre jauría de Penistone. Hubo otras jaurías de harriers con nombres prestigiosos como la de Holcombe en el siglo XVII y la de Cambridges­hire, formada en 1745.

Antaño la caza de la liebre se confiaba esencial­mente al perro que debía ir delante de los cazadores a pie, siguiendo la pieza con la misión de prever su carrera y desbaratar sus tretas, una tarea en la que sobresalían los harriers gracias a su olfato absoluta­mente excepcional. Más allá de esto, resulta muy difícil aportar más precisiones sobre los ancestros lejanos del Harrier, ya que los británicos tenían la mala cos­tumbre de poner el nombre de Harrier a todos los perros que cazaban la liebre.

Así desde tiempos remotos, los Harrier no han dejado de desarrollar tipos diferentes según los aportes recibidos y las regiones donde se les utiliza­ba. El más antiguo es el del Southern Hound, que desde el punto de vista de la morfología, el color y las aptitudes, se parecía mucho al Perro Azul de Gas­cuña, hasta tal punto que cabe plantearse el origen común de ambas razas, aunque resul­te imposible aportar pruebas certeras. Señalaremos que en la denomina­ción Southern Hound, el primer nombre no indica las regiones del sur de Inglaterra, sino más precisa­mente la antigua provincia francesa de Gascuña, que para los ingleses efectivamente se encuentra al sur. En el territorio británico todavía se encuentran ejemplares Blue, derivados de este tipo.

Origen e historia del Harrier

A fines del siglo XVIII, los cazadores del sudoeste de Inglaterra preferían un tipo más ligero de perro, de colo­res pálidos, pajizo, blanco y limón (lemon), incluso blanco, que sin duda tenían sangre de los Blancs de Roy franceses que habían cruzado el canal de la Mancha durante la Revolución Francesa. Este tipo llamado Harrier de Somerset o West Country Harrier, se hizo célebre en la jauría de Codey fundada en 1797. También se cita un Harrier del País de Gales, actualmente desaparecido.

Finalmente, a lo largo de los siglos los harriers se han diversificado enormemente de acuerdo con su localización; a juzgar por las representaciones anti­guas, cada jauría tenía su propio tipo. Estaban los tricolor, otros tenían un manto negro y la cabeza carbonada . También se encontraban ejemplares de manto gris ratón e incluso habría existido un perro del tipo Airedale.

El tamaño de los perros también variaba, tanto podía corresponder al de los grandes sabuesos actuales como ser a veces más reducido, llegando a 50 cm en los ejemplares más ligeros.

En 1825, algunos dueños de jaurías tuvieron la idea de cruzar el Harrier con el Foxhound para mejo­rar la agilidad y velocidad de sus perros. Pero por efecto de esta cruza, el color de los Harrier cam­bió y comenzaron a aparecer capas tricolores con un manto cubriendo la parte superior de la espalda. Al perro que resultó de este cruce se le llamó Modern Harrier, pero muchos afi­cionados lo criticaron porque les parecía que este nuevo tipo era una miniatura del Foxhound o que era demasiado rápido para la caza de la liebre. Tén­gase en cuenta que esta caza había evolucionado mucho y que a finales del siglo XIX, se parecía cada vez más a la del zorro. Los cazadores iban ahora a caballo y los perros tenían que obligar a la presa a huir lo más rápido posible en línea recta para que sus dueños pudieran galopar en el campo.

En todo caso, a pesar de las reser­vas de algunos, esta variedad se consolidó y se hizo muy popular en Gran Bretaña, el resto de Europa y Estados Unidos. Y en definitiva, muchos criaderos ingleses se han constituido a base de harriers modernos.

En 1891, los aficionados a la raza se agruparon en la Association of Masters of Harriers and Beagles, que fijó un studbook para el Harrier Moderno y se ocupa de todo lo relativo a las jaurías y la caza. En 1927, el West Country Harrier (o Harrier de Somer­set) se incluyó en un registro especial en el stud­book de este club. Aunque los Harrier, como los demás grandes sabuesos ingleses, no estén reconoci­dos por el Kennel Club y por tanto no se puedan presentar en las exposiciones caninas de belleza, sin embargo tienen derecho a exposiciones especiales organizadas por la Asociación. En Estados Unidos se han presentado algunos Harrier a los dog shows del American Kennel Club, a pesar de que no exista ningún estándar norteamericano. En cambio, la FCI sí reconoce la raza y ha redactado un estándar.

El Harrier ha suscitado numerosas controversias entre los cinófilos continentales desde hace cincuen­ta años y si se tiene en cuenta lo que sobre él decí­an algunos expertos, se comprende que esta raza provocara tantas discusiones. Por ejemplo, uno de ellos de nacionalidad francesa escribía: “para hacerse una idea lo más precisa posible del Harrier hay que saber: primero, que no es una raza de perro; segundo, que existen Harrier muy diferentes, además de los tamaños que tienen una importancia capital; todos los harriers son pequeños anglofranceses. Tercero, los ingleses no cazan la liebre a la francesa. Cuarto, el menos apto para la caza a la francesa es el Harrier Tricolor“. Respec­to al Beagle Harrier, Daubigné, quien primero se había declarado a favor de la denominación “Pequeño Harrier”, terminó por abandonarla.

Esta raza ha sido muy cuestionada, pero se puede responder al primer punto que no hay que exagerar, pues si bien existen muchas varie­dades de harriers, todas ellas son perfectamente reconocibles. En cuanto a los tamaños, todos se sitúan entre los 50 y los 55 cm. Los anglofranceses de caza menor también son muy variados y de todas formas, mientras que en Inglaterra se caza en terreno llano y descubierto, en la Europa continental se practica el “todoterreno” que requiere perros más polivalentes.

Origen del Irish Wolfhound (Lobero Irlandés)

El lebrel cazador de lobos de Irlanda es seguramen­te un perro nada corriente. Aunque pocas razas están tan rodeadas como la suya de leyendas, anéc­dotas más o menos fabulosas, descripciones fantásti­cas, tampoco la historia carece de páginas famosas que se refieren a él. Y es que hasta el mismo tamaño del wolfhound es un verdadero prodigio.

El Irish Wolfhound o Lobero Irlandés, es seguramen­te un perro nada corriente. Aunque pocas razas están tan rodeadas como la suya de leyendas, anéc­dotas más o menos fabulosas y descripciones fantásti­cas, tampoco la historia carece de páginas famosas que se refieren a él. Y es que hasta el mismo tamaño del Lobero es un verdadero prodigio.

Veamos, por ejemplo, cómo nació esta raza según la leyenda. Hace mucho, muchísimo tiempo, una princesa irlandesa quedó transformada en perro por las artes de un druida infernal. El sobrino de la princesa, Fionn mac Cumhaill, intercedió ante el mago y consiguió que éste pusiera fin al encantamiento pero no antes de que la princesa pariera dos cacho­rros. Así nacieron Bron y Sceolan que dieron naci­miento a la raza Wolfhound y le transmitieron una inteligencia casi humana.

El lugar que este perro ocupaba en la antigua sociedad irlandesa aparece en otro relato, donde la realidad se mezcla con la leyenda. En los primeros siglos de nuestra era, el rey de Leinster, Mesroida, tenía un Lobero llamado Alibe del que estaba muy orgulloso. Tenía tanta confianza en él que no vacilaba en confiarle el gobierno del reino cuando tenía que viajar. Naturalmente sus vecinos el rey de Ulster y el príncipe de Connacht, hicieron todo lo posible por adquirir al famoso Ailbe. A cambio ofrecían unos presentes tan suntuo­sos como “seis mil vacas lecheras” que Mesroida no pudo rechazar. Pero no sabía a quién entregar su perro. Por sugerencia de su esposa dejó que ambos candidatos lo decidieran a su manera y observó la batalla desde una colina próxima. Como el resultado parecía incierto, dejó que Ailbe escogiera él mismo y decidie­ra según sus preferencias. El Lobero tomó parti­do por el rey de Ulster y se fue a volcar el carro del príncipe de Connacht.

Cuando tenía el carro sujeto por el eje le cortaron la cabeza de una estocada, pero había lo había mordido con tanta fuerza que el carro y la cabeza del Lobero rodaron desde Ballaghmoon (condado de Kildare) hasta Farbill (condado de Westmeath). Al vado se le llama desde entonces, Ath Cind Chon que en gaélico significa “Vado de la Cabeza de Perro”.

Origen e historia del Irish Wolfhound (Lobero Irlandés)

La fama del Lobero se extendió ampliamente fuera de su Irlanda natal. En 1210, el rey Juan de Inglaterra ofreció uno a su hijo Llewellyn, príncipe de Gales. Un día, éste encargó a Gelert (tal era el nombre del Wolfhound) que velara por su chiquillo mientras él cazaba. Cuando volvió vio a Gelert cubier­to de sangre y sospechando algo terrible dio muerte al gran lebrel. El príncipe había actuado con mucha ligereza, pues inmediata­mente después encontró a su hijo que jugaba tran­quilamente cerca del cuerpo de un enorme lobo al que Gelert había matado.

En todo caso, el pasado de esta valerosa raza no está tejido sólo de leyendas, y su gigantesca silueta se perfila muchas veces a lo largo de la Historia. Así sabemos que en el año 391, siete wolfhounds encerra­dos en jaulas de hierro desfilaron por las calles de Roma. El cónsul Quintus Aurelius Symmachus (que siempre andaba buscando bestias extraordinarias para contentar al pueblo que reclamaba entretenimientos) había recibido esos ejemplares de su hermano Flavianus que había estado en Gran Bretaña. Medían cerca de un metro de altura y “toda Roma los admiró” según escribió Aurelius a su hermano para darle las gracias.

En realidad, el Lobero (Wolfhound) viajó mucho y se dio a conocer en muchos países. Se sabe por ejemplo, que San Patricio, evangelizador de Irlanda, cierta vez en el siglo V se vio obligado a abandonar la isla escondido en la bodega de un barco, rodeado de una jauría de loberos que no le hicieron el más mínimo daño.

También se encuentran rastros de este perro legendario en la saga noruega llamada de Njall el Quemado, fechada en el año 970, donde se mencionan sus hazañas en cacerías de lobos y de alces (estos enormes cérvidos estaban presentes en Irlanda). Las leyes promulgadas en el siglo X por el rey de Deheubarth, en el sureste de Gales, Hywell Dda citan al Lobero Irlandés como el perro que costaba más caro, el doble que el Galgo Inglés que también era muy apreciado. Este perro se encuentra asimismo en Escocia a pesar de la exis­tencia del Deerhound. En 1623, por ejemplo, un noble escocés escribía al conde de Cork en Irlanda para pedirle que le enviara algunos lebreles machos y hembras, y otros grandes preferentemen­te blancos.

Origen e historia del Bulldog Inglés

El Bulldog Inglés es uno de los más extraordinarios representantes de la especie canina. Este perro, que antaño combatía contra los toros, es tan valeroso y combativo que se ha convertido en un símbolo de la nación británica.

El Bulldog Inglés es uno de los más extraordinarios representantes de la especie canina. Este perro, que antaño combatía contra los toros, es tan valeroso y combativo que se ha convertido en un símbolo de la nación británica.

Como su nombre lo indica, antes de que se convirtiera en el inseparable acompañante de John Bull, fue un perro de toros destinado, según una tradición muy antigua cuyo primer objeti­vo era mejorar la calidad de la carne, a hacer correr a las reses antes de llevarlas al matadero porque los tratantes se habían dado cuenta de que así se conse­guía que la carne fuera más tierna y sabrosa. Por este motivo, los carniceros utilizaban mastines (unos perros lo suficientemente valientes como para enfrentarse con el furor de los toros). En Gran Bretaña se recurrió a los antepasados del Mastiff para desempeñar ese papel.

Cuál es el origen y la historia del Bulldog Inglés

El origen del Mastiff es objeto de discusión entre los especialistas. Algunos creen que fueron los feni­cios y los romanos quienes lo introdujeron en Gran Bretaña. Aunque esta hipótesis pueda resultar inte­resante a primera vista, se ha de reconocer que el mismo César afirma lo contrario, en particular en sus comentarios, cuando habla de “La Conquista de las Galias” (entiéndase Gran Bretaña) en la que según indica, los molosos celtas lanzados contra las legio­nes romanas sembraron el pánico en éstas. Así pues, lo más probable es que tales molosos ya exis­tieran en Gran Bretaña, al menos desde la expan­sión céltica. Y que posteriormente los romanos los importaran para hacerlos luchar en el circo y no que éstos llevaran sus perros de combate del Epiro para que los cono­cieran los habitantes de las Islas Británicas.

Esta explicación es tanto más plausible por cuanto según indicó el cronista romano Gratius Faliscus, en el año VIII a.C. , tales perros fueron llevados a Gran Bretaña pre­cisamente para medirlos con los molosos de Cornualles que siempre salieron vencedores. Por lo demás, baste saber que las tribus celtas que devastaron las ciudades griegas y romanas, lo hicieron con la ayuda de perros de impresionante tamaño. Además, en el museo de Copenhague están expuestas hermosas piezas de arte celta entre las que figuran ollas deco­radas con molosos de aspecto monstruoso.

Independientemente de todo ello, durante la Edad Media los enfrentamientos entre toros y perros se convirtieron muy pronto en una diversión tan apa­sionante que acabaron siendo considerados como pruebas deportivas. Sin embargo, por esa misma época el Mastiff quedaría reservado para la nobleza.

Otro hecho notable es que las «leyes del bosque» promulgadas en 1272, san­cionaban con la amputación de tres dedos de las patas delanteras a los mastines de gran corpulencia que pertenecieran a villanos. Por consiguiente, quienes no tuvieran el honor de pertenecer a las clases elevadas británicas no tenían más remedio, si querían organizar bull baitings, que utilizar perros de tamaño más pequeño, aunque no menos combati­vos. Ese es el origen del Bulldog Inglés.

Así Edouard de Langley (1344-1412), oficial del rey Enrique IV encargado «de corrales, toros y Mastiffs» menciona en el Maysler of Game un «Mastiff de segunda categoría» manchado, con las orejas caídas y los ojos pequeños que tenía fama de no dejar esca­par nunca la pieza que había atrapado. Ese animal era el antecesor del Bulldog Inglés.

Pruebas de trabajo para perros

Las pruebas de trabajo en las que los pe­rros deben mostrar sus posibilidades al máximo tienen por objeto conservar la adaptación de las razas caninas a tareas determinadas y perpetuar así una tradi­cional cultura cinófila.

Las pruebas de trabajo en las que los pe­rros deben mostrar sus posibilidades al máximo, tienen por objeto conservar la adaptación de las razas caninas a tareas determinadas y perpetuar así una tradi­cional cultura cinófila.

Cada raza de perro posee aptitudes que depen­den de su carácter, morfología e historia. Aunque se pusiera toda la paciencia y perseverancia del mundo en adiestrar un lebrel, por ejemplo, como perro guardián, o un terrier como pastor de ovejas, existen otras razas (reunidas por grupos) más idóneas para estas labores.

Cómo son las pruebas de trabajo para perros

En un perro de trabajo, la aptitud para el trabajo es el complemento indispensable de la conformidad con el estándar. Ante todo, no deberá padecer ninguna malposición testicular, ni trastornos de conducta hereditarios (condiciones ya impuestas en la confirmación).

Las pruebas serán puntuadas por jueces cuyo pa­pel en materia de selección de razas es tan impor­tante como el de los jueces de exposición (donde el perro concurre por su hermosura y carácter). Con sus evaluaciones, sancionan las cualidades de trabajo y las cualidades morales del perro que los diferentes concursos pretenden poner de manifiesto.

Razas de perros de trineos

En el lenguaje corriente, a los perros polares de tiro se les llama «perros esquimales» o «huskys». Lo cierto es que duran­te mucho tiempo no hubo razas de perros esquimales propia­mente dichas. En Europa se reconocen en la actualidad cuatro razas de perros de trineo que se parecen en que todas ellas tienen pelaje grueso, cola frondosa en trompeta, patas gruesas y peludas y pecho ancho.

Cuáles son las razas de perros de trineos más importantes

El Alaskan Malamute es un perro pesado, potente, de complexión impre­sionante, que necesita una educación muy firme. Es el me­nos rápido en carrera.

El Samoyedo por ser un perro sociable no le gusta el aislamiento en la perrera. Muy parecido al perro primitivo, no se le va­lora mucho actualmente como perro de trineo por ser menos rápido.

El Gronlandshund o Perro de Groenlandia es un perro rudo, muy resistente, pero pendenciero. Es un compromiso entre la velocidad, la resis­tencia y la carga transportada.

El Husky Siberiano es sin duda el más rápido de los cua­tro. Ligero y resistente, tiene una merecida fama. Tiene to­dos los récords de velocidad y resistencia. Sociable pero inde­pendiente, se hace querer de verdad.

– Por último, no se puede hablar de perros de trineo sin men­cionar el Alaskan Husky, utilizado por los mejores mushers estadounidenses, canadienses o alaskanos. Es una «raza» creada por los esquimales y los aborígenes, un perro polar que fue seleccionado por su velocidad y resistencia. Su morfología, varía un poco de acuerdo a cada perro (orejas rotas o no, etc.), se adapta perfectamente a las rigurosas condiciones climáticas de la región ártica. Más rápido aún que el Husky Siberiano y de carácter fácil, resulta muy maleable, comprende enseguida y no sufre de estrés. ¿Será reconocido algún día por la FCI?

Razas similares al Bulldog Francés

El bulldog inglés, que formo porte de lo familia de los pequeños dogos, tiene uno extensa parentela ya que ha sido utilizado para crear o mejorar muchas razas.

El Bulldog Francés, aparecido en 1898, provocó un verdadero escándalo en los medios británicos, donde se podía leer en la prensa especializada que «los ingleses, que siempre hemos tenido un gran afecto por nuestro perro nacional, tenemos que rechazar ese pequeño engendro indescriptible que han traído a nuestro país, por más que lo llamen Bulldog Francés». La raza francesa desciende sin duda del Bulldog Inglés, en particular de la variedad de pequeño tamaño pomposamente llamada «toy», que algunos criadores británicos intentaron seleccionar a finales del siglo XIX.

Poco más se puede decir, en la medida en que los pequeños comerciantes y artesanos parisienses que lo crearon, mantuvieron celosamente en secreto su «invento». El «bull», como también se le llama, pesa entre 8 y 14 kg, o sea que es mucho más ligero que el Bulldog Inglés. Su capa es blanca y atigrada o atigrada solo. Lo que más diferencia o las dos razas son sin duda las orejas, pues las del perro de origen francés son «de murciélago». Por otra parte, el Bulldog Francés está lógicamente mucho más extendido en Francia que el Bulldog Inglés.

Cuáles son las razas similares al Bulldog

El Boston Terrier, pequeño dogo de creación americana, es como su nombre y morfología lo indican, un perro en el que prevalece la sangre Terrier. Su cabeza sin embargo, es de dogo, con hocico corto y orejas rectas (cortados en Estados Unidos). Es blanco con un manto y manchas atigrados oscuras y simétricas. Es el más ligero de los tres perros reseñados pues sólo pesa 7 kg (en el estándar francés, pues en su país de origen existe la categoría «peso pesado» de perros que llegan o los 11 kg). Es muy escaso en Francia, pero muy popular en Estados Unidos. El Bulldog Inglés, muy apreciado por sus cualidades de combatividad y valentía, se ha cruzado muchas veces con otros perros, en especial terriers, para producir ejemplares más ágiles y rápidos, así como con grandes dogos para conseguir perros menos pesados y apáticos.

El Bulldog Inglés, que sin duda se había mejorado con sangre terrier, fue transformado en el período comprendido entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX con vistas a los combates entre perros que se organizaban en las canchas (pits en inglés). Para ello se buscaban perros muy ágiles, agresivos y espectaculares y con ese objetivo se utilizaron diversos terriers, uno de los cuales fue el Old English White Terrier (ya desaparecido) hasta llegar al actual Bull Terrier.

Con la prohibición de los combates se hizo necesario transformar a los Bull Terriers. Así pues, han conservado el aspecto de gladiador (de 35 a 45 cm y unos 20 kg de peso) pero los criadores han conseguido por selección una cabeza muy especial, de perfil convexo y tocado con orejas rectas. Este perro puede ser completamente blanco o pío (blanco con manchas atigrados). De carácter agradable aunque terco, no está muy bien considerado dentro del género canino. Poco extendido en Francia, es muy apreciado en los países anglosajones, sobre todo en Sudáfrica.

El Staffordshire Bull Terrier sigue teniendo el mismo aspecto que los antiguos perros de pelea. Pero su carácter ha mejorado mucho y se ha convertido en una de las diez razas más populares en Gran Bretaña. Reconstituida a partir de 1935, la raza es un poco más ligera que la de los Bull Terriers (entre 11 y 17,5 kg con un tamaño comprendido entre 30 y 40 cm), sus colores son más variados: atigrado, negro, leonado, blanco, pío y azul.

También se encuentra sangre del Bulldog Inglés en el Bullmastiff, creado en la segunda mitad del siglo XIX para que lo utilizaran los guardabosques que querían un perro más activo que el Mastiff pero con un aspecto que impresionara. El Bullmastiff, que quizá tiene algo de sangre Bloodhound, es un poderoso atleta (entre 50 y 60 kg), siempre alerta y apto para el adiestramiento, por lo que es uno de los perros más apreciados por la policía y el ejército.

Por último, cabe citar al Bóxer porque da una buena idea de lo que fueron los bulldogs ingleses destinados a las peleas con toros. Desciende de dogos continentales, en particular, del Dogo de Brabante y del Bulldog Inglés.